Aprendi a jugar en una baldosa, no comprendo cómo; las palabras desafiantes no me dicen lo que
escribo... me juzgan, difíciles de salir salen, temorosas de un lado,
refutantes del otro… la medida de su fe no es catalogada por ellas mismas, ni
por su reflejo, simplemente no tienen por qué estar, so pena de ese castigo,
aunque el patíbulo exista, ni de ninguno, porque esos lugares no existen.